El
concepto básico de Cristo como esposo es uno de amor que se sacrifica y de
absoluta devoción a su esposa. Esta relación de pacto entre Cristo y la Iglesia
es inquebrantable, porque el Señor es el que mantiene personalmente la unión.
Esto es posible debido a que Jesucristo es Dios mismo, divino, sin pecado y sin
los defectos de la debilidad humana. Pero, ¿cómo debemos mantener nuestro pacto
matrimonial cuando hay tanto fracaso y limitación humana que vencer en cada uno
de nosotros?
Lea
Génesis 2.18–2 Y dijo Jehová Dios: No es bueno
que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
19Jehová Dios
formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y
las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán
llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
20Y puso Adán
nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para
Adán no se halló ayuda idónea para él.
21Entonces Jehová Dios hizo caer sueño
profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró
la carne en su lugar.
22Y de la costilla
que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
23Dijo entonces
Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada
Varona,1 porque del varón2 fue tomada.
24Por tanto,
dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una
sola carne.
25Y estaban ambos
desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.
El
relato de la primera pareja es profundo en percepción para todas las parejas
casadas.